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Rabietas y pataletas

08 octubre 2013

Post colaborador a cargo de la Lic. en Psicología Valeria Reyno

Frecuentemente tanto papás como educadores consultan para saber cómo abordar las rabietas de sus hij@s y/o alumn@s, por eso les acerco algunas sugerencias generales sobre qué podemos hacer al respecto.

Entendemos por rabietas cuando un/a niñ@ llora, grita, protesta, se tira al piso, etc. para lograr que se cambie una norma o llamar la atención de los adultos.
Si el niñ@ ha conseguido lo que desea mediante este comportamiento, el mismo se vuelve costumbre. Cada vez que una rabieta logra su objetivo (ej: evitar una penitencia, evita deberes, conseguir un juguete, que los papás le presten atención aunque sea rezongándol@), ésta es reforzada positivamente, esto quiere decir que hace que se repita la rabieta y se mantenga en el tiempo.
Así el/la niñ@ aprende que con una rabieta puede evitar situaciones no deseadas, conseguir lo que desea (objetos o atención) y esto se convierte en un hábito, en un círculo vicioso que genera malestar.

NO consideramos dentro de este grupo de rabietas a conductas que impliquen un monto significativo de agresividad como cuando hay por ejemplo lanzamiento de objetos o el/la niñ@ pega piñas o patadas, y esto significa un peligro potencial para el/ella u otros.

Para estar seguros que estamos ante una rabieta lo primero es observar cuál es el objetivo de la rabieta, la función de esta conducta.

¿Efectivamente lo que busca el/la niñ@ con esa conducta es llamar la atención?

¿O busca cambiar una norma que hemos establecido?

Para responder a esto debemos preguntarnos cómo reaccionamos nosotros.

¿Alcanza su objetivo? ¿Normalmente cedemos ante sus demandas?
¿Nos dirigimos con frecuencia a él/ella cuando se porta “bien” para decírselo y premiarlo, o sólo lo hacemos cuando se porta “mal” o lo rezongamos o lo castigamos?

Si efectivamente nos encontramos ante una rabieta debemos comprender que estos son comportamientos aprendidos, y, por tanto, podemos efectuar un desaprendizaje. ¡Hay solución!


¿Qué hacemos con las rabietas?

1.      Mantenernos calmados: es difícil, incluso a veces parece imposible, pero es fundamental que el adulto mantenga el control de sus emociones y de la situación. Si nos descontrolamos le generamos al niñ@ inseguridad y confusión. Con nuestra calma le damos la contención que necesita en ese momento y le modelamos cómo manejar los impulsos y las emociones de otra manera, más adecuada y menos desgastante.

2.      Mantener la autoridad: no cedemos a sus demandas, de lo contrario el niño entenderá que con rabietas obtiene lo que desea; debemos mostrarle que estás conductas no son la forma adecuada de hacer sus peticiones.
A su vez, les enseñamos que mientras sea un/a niñ@ son los adultos los que fijan las normas, y que él/ella debe respetarlas. Esto posibilita que pueda respetar las reglas y a la autoridad tanto en casa como en los juegos (ej: no hacer trampa), en la escuela (ej: hacerle caso a la maestra, no copiar, etc.), o un club, u otros ámbitos en los que transcurre su vida (ej: respetar la fila en el supermercado).

* Si deseas más información sobre este punto te invito a leer la nota “Los límites protegen e independizan” haciendo click aqui

3.      No gritar (se incluye en los puntos 1 y 2, pero vale la pena enfatizarlo).

4.      Hablarle mirándolo a los ojos y con seriedad (no reírnos): cuando logramos el contacto ocular estamos seguros que el/la niñ@ nos está prestando atención, y le damos importancia a lo que decimos.

5.      Ser claros: cuando le decimos que NO a algo debemos ser concretos y explicarles por qué (ej: No podés seguir mirando la TV porque es hora de irse a dormir, sino dormís mañana te va a costar levantarte y vas a estar cansad@ el resto del día sin energía para estudiar o jugar).

6.      Verbalizar lo que sucede: es importante que pongamos en palabras lo que está sucediendo (ej: ¿estás llorando porque estás enojado porque no te compramos ese juguete?; entiendo que te ponga triste por no poder jugar ahora, pero este no es momento de jugar, vamos a jugar cuando tal cosa ó a x hora; etc.).


Si probamos de esta manera en diversas situaciones y no hemos logramos que el/la niñ@ se calme dando fin a la rabieta, debemos recurrir a “Retirar la atención” en las próximas rabietas.

7.      Retirar la atención: es muy eficaz cuando aparecen conductas inapropiadas que buscan llamar la atención de los padres, otros adultos, o los pares. El objetivo es mostrarle al/a la niñ@ que las rabietas no son la forma adecuada de obtener atención y reconocimiento, y entonces éstas tenderán a desaparecer al no alcanzar su objetivo.
Cuando la rabieta tiene lugar retiramos la atención INMEDIATAMENTE, no lo/la miramos, no hablamos, no rezongamos, no hacemos ningún gesto, HACEMOS COMO QUE LA CONDUCTA NO ESTUVIERA OCURRIENDO.

Si estamos en casa nos vamos a otra habitación o le damos la espalda; pero si estamos en un lugar donde hay otras personas y no podemos separarnos físicamente, permanecemos a su lado sin prestarle atención (sin contacto ocular, sin hablar, sin “hacer caras”).

Deben retirar la atención todas las personas significativas para el/la niñ@, ya sean otros familiares adultos u otros niños (ej: en un cumpleaños, un salón de clases), nadie le dice nada, nadie lo mira, nadie se ríe.

Si existe el riesgo de que se escape y estamos en espacios abiertos donde puede ser peligroso el tránsito por ejemplo, es necesario retenerlo físicamente. En este caso lo sujetamos solamente ejerciendo la fuerza necesaria para evitar su huida pero mantenemos la tranquilidad, debemos transmitirle que tenemos el control de la situación y que con su rabieta no va a conseguir nada. Continuamos sin hablar y esperamos a que la situación se calme.

Le damos TODA nuestra atención cuando el niñ@ se tranquilice. 

Una vez calmado podemos explicarle, sin recriminaciones, lo que ha sucedido en tono calmado: “Esta no es la forma de conseguir lo que querés, debés pedirlo, hay otras formas…”. NUNCA decirle que porque se portó mal no lo queremos, el mensaje a trasmitir es “No me gusta que hagas esto (puedo describir el comportamiento), me pone triste, pero te quiero igual”.

Está totalmente contraindicado verbalizar cualquier manifestación de reproche o sermón. Si se considera necesario una penitencia NO se dedica tiempo a rezongarlo, simplemente se indica por ej.: “No podés ver TV por la actitud fea que tuviste en el supermercado de gritar y tirarte al piso cuando te dijimos que no te compraríamos tal cosa que querías”, y nada más, y el adulto se retira.

Debemos ser constantes (siempre se aplica) y coherentes (todos la aplicamos) cuando optamos por retirar la atención.

Al inicio de la aplicación, esta técnica suele producir un aumento en la frecuencia e intensidad de las conductas que precisamente intentamos eliminar. Es un hecho normal e indicador de que vamos por el buen camino!!!!!!! No nos desanimemos, necesitaremos un poco más de tiempo. Hay que mantenerlo aunque cueste.



Son muy importantes los premios!!!

Paralelamente que trabajamos para extinguir las rabietas, debemos enseñarle conductas alternativas que nos interesa que el/la niñ@ utilice.
Cada vez que el/la niñ@ realice alguna de las conductas deseadas, absolutamente siempre debemos premiarl@. Primero que nada prestándole atención y dándole afecto, luego podemos recurrir a distintos premios.
Los más básicos son los materiales (ej. un helado, un juguete), también podemos premiarlo con actividades (ej: ver una película, salir de paseo, anotarlo en una actividad de su agrado, invitar un amig@ a casa).
Los premios más importantes son los sociales y deben ser los más frecuentes (ej. felicitarlos con besos y abrazos, mostrarles que estamos contentos, tiempo juntos para charlar o jugar).

¿Por qué debemos actuar?

Existe la idea de que ciertas conductas infantiles son propias de la edad y que con el tiempo van a desaparecer. Es posible que así suceda en muchos casos. Sin embargo, es muy arriesgado pasar por alto ciertos comportamientos con la esperanza de que el tiempo los mejorará.
Una intervención en la etapa infantil, no hecha a tiempo, puede suponer la consolidación, perpetuación y agravamiento del problema en la adolescencia.
Las normas y valores que permiten la convivencia y la autonomía deben establecerse y construirse desde la temprana infancia. Es una irresponsabilidad de los adultos dejarlo en manos del tiempo y la suerte.

Si estas recomendaciones generales no resultan, o las rabietas ocurren con un gran monto de agresividad, te recomiendo consultar a profesionales.
Es fundamental que se realice una evaluación de la situación para entender qué está sucediendo y cómo podemos actuar para ayudar a este/a niñ@ y su familia. 

Si bien las rabietas ocurren con frecuencia en la infancia, es importante que ayudemos al/a la niñ@ a manejar sus emociones y resolver sus problemas de una manera menos angustiante y desgastante.


Estos consejos apuntan a trabajar sobre las rabietas y ayudar al/a la niñ@ desenvolverse autónoma y adaptativamente en el mundo, promoviendo una buena autoestima y la armonía en todos los ámbitos de su vida. 


Post colaborador a cargo de: Lic. en Psicología Valeria Reyno
Psicóloga clínica de niños, adolescentes y adultos jóvenes, tanto en diagnóstico como psicoterapia.
Tel. de contacto: 094 162353



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